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Walter Villanueva Azaña
Peru
De: imagen de la paz oculta
DANZA INTERIOR
Voy a hablarte del fuego
de aquella danza luminosa
en mis anhelos y en mi biología
llama en puntillas aéreas
extendida hasta el último
cielo de un día cárdeno
por las manos llenas de temporales.
Te hablo del fuego escarlata
apagado en negros carbones
por carnes putrefactas
o, a veces, por la mía
al no resguardarlo del viento frío
de corrientes sombrías en mi mente.
Entiendo que el fuego es un progreso
más arriba de sus leñas toscas,
su división histórica por los calores
consanguíneos, entiendo
que el fuego sepultó la soledad
de Altamira bajo la compañía
de los museos de oro,
creó la actividad mercantil
ante los anteojos del niño aplicado,
hasta dejar su focum
en flotantes cenizas microscópicas.
El fuego, nuestro adelanto humano
deambula como fuego fatuo de las carreteras.
Te voy a hablar de la humanidad del fuego
como me hablo, a veces,
para no estar solo.
¡Ah! Si estuviera en buenas manos
el fuego
la chispa por lo menos
o el cerillo en manos firmes,
yo podría bailar alrededor
contento de todo conejo mal crispado
libre ejercitar mis zancadillas gentiles
en caídas estrepitosas
de las lágrimas de cera,
podría invitar a las niñas
vestidas de tutú rojo a danzar
ante las cenizas del camino triste
y el inicio de un bosque extenso.
Yo entiendo que el fuego nace en las entrañas
como un nene robusto.
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